Desafíos de la nueva política internacional


bushNo resulta fácil enfrentarse a la herencia de George W. Bush y a toda una época de excesos políticos, económicos y militares derivados de una concepción triunfalista y eufórica de la caída del enemigo ideológico y después de cincuenta años de enfrentamientos en todas las áreas de la política económica, social, e internacional.

Afirmar que la herencia recibida no ha sido otra que un mundo en crisis no es una novedad, es una constatación. Una crisis política y económica global que pasará a la historia como la “locura de unos pocos” y la complicidad de muchos. Un desequilibrio que tiene su origen con la desaparición del mundo bipolar, y su fin, en el triunfo de un exceso sobre otro. Frente al desvanecimiento del socialismo real a finales de los años ochenta se alzó la fe ciega en un capitalismo reaccionario, insolidario y fundamentalista, que bajo las señas de un neoliberalismo político, económico y social, generó el espejismo de un crecimiento y bienestar económico perpetuo y el fin de las ideologías que no fueran otras que las del utilitarismo egoísta del Siglo XVII.

El fracaso del mundo comunista aupó al neoliberalismo democrático, pero las preguntas a las que la izquierda pretendía dar respuesta siguieron planteadas. El liberalismo invadió todo el campo ideológico y monopolizó el llamado “pensamiento único” en el que las ideologías ya no eran necesarias y eran sustituidas por el pragmatismo económico y el ejercicio unilateral del poder. Mientras el corto plazo sustituyó al largo plazo, el egoísmo, la codicia y la especulación suplantaron los valores tradicionales en los que se fundamentaba la ética calvinista del capitalismo: el trabajo bien hecho, el esfuerzo y el sacrificio del ahorro y su recompensa. obama_1201801546

Vigilante del nuevo paradigma, el poder militar hegemónico impuso sus nuevos valores ideológicos y desarrolló una política exterior dirigida por los criterios de unilateralismo y desprecio al Derecho Internacional, en la que la imposición se impuso a la negociación y la confrontación al acuerdo. Pero la historia ha demostrado que el mundo no es unidireccional y que los ajustes uniformizadores siempre terminan fracasando puesto que todo cambio en un polo genera una reacción y reajuste en el otro. El olvido de este sencillo principio ha sido el origen y, al mismo tiempo, la causa de esta crisis.

La elección de Obama -negro, demócrata y multiculturalista- como el sustituto del último representante del pensamiento dominante simbolizado por Bush, un wasp (white anglo saxon protestant), -blanco, conservador y uniformista–unido a los excesos desastrosos del capitalismo neoliberal en un mercado globalizado mundial regido por la ley de los fuertes que ha generado un crecimiento económico depredador, especulativo y virtual, sustentado sobre el engaño, la mentira y la pasión ciega por la riqueza a cualquier precio, abre expectativas de cambios futuros.

URSSHay que ser cautos, sin embargo, porque las grandes líneas de la política y su inercia son difíciles de modificar por grande que sean el peso, las ideas y la voluntad de personalidades especiales. La alteración de las actuales coordenadas internacionales, herederas de la visión unipolar de las relaciones internacionales que se han ido configurando desde el desplome de la Unión Soviética, llevará tiempo y requerirá esfuerzos adicionales. El nuevo ciclo demócrata que ahora comienza exigirá –si no se quiere aparecer como mero continuador del ciclo anterior políticamente agotado– una redefinición de las prioridades en la agenda de problemas globales.

Ello supondrá, en cualquier caso, una importante modificación en las formas, aunque queda por ver si ello se traducirá en una profunda modificación de fondo, esto es, en una defensa de los mismos intereses estratégicos que han preocupado hasta ahora a la potencia dominante y a sus aliados.

Desde la perspectiva de las formas, la visión unilateral de las relaciones internacionales dará paso, probablemente, a una visión de “multilateralismo pluripolar”, entendido como apuesta por el diálogo y la distribución equitativa del poder, como mecanismo de decisión y acción en el ámbito internacional. Ello significará promover, en cualquier acto de política exterior, el principio de la negociación en los conflictos y no la imposición unilateral de las soluciones, especialmente por parte de los más fuertes.

Implicará, también, una urgente reforma estructural y del proceso de toma de decisiones de los organismos internacionales. Será necesario dar más peso específico a los países menos desarrollados y poderosos, los cuales deberán actuar como sujetos activos de una agenda de progreso mundial más justo y equitativo. Los primeros pasos ya se han dado con la potenciación del G-20 como sustituto del G-8. También las propuestas de modificación de los organismos económicos internacionales, como el FMI o el Banco Mundial, como instrumentos de diálogo y actuación para la modificación de las estructuras económicas y financieras internacionales van en la buena dirección.

En cuanto al fondo, de entre todos los problemas globales, la gestión de la crisis económica global va a ser la cuestión prioritaria en la política exterior durante los próximos años. Organizar una nueva arquitectura financiera internacional con el consenso de las potencias emergentes, repatriar empresas e inversiones para reactivar las economías domésticas sin que ello tenga consecuencias negativas entre los socios, impulsar la actividad comercial y renunciar al proteccionismo, reconfiguran los organismos reguladores y las instituciones monetarias con acuerdos multilaterales, y buscar los instrumentos internos y externos que minimicen los desajustes laborales y económicos a nivel global que se están y van a producirse serán, entre otros, las cuestiones que centrarán el debate en la agenda internacional a corto y medio plazo.

Con todo, la crisis económica no será el único reto global de la próxima década. La política relativa a la protección internacional del medio ambiente, la lucha contra el cambio climático y, consecuentemente, la modificación de los patrones de consumo y producción de energía serán, también, uno de los grandes hilos conductores de la acción exterior en el próximo decenio. No olvidemos que este asunto ha sido prioritario en la agenda electoral norteamericana y ha contribuido a conformar la nueva mayoría demócrata. Las posiciones anti-Kioto y anti-medioambientalistas que han caracterizado la era neoconservadora americana y, también, de los países emergentes están dejando paso a una nueva época de negociación y pacto en la búsqueda de soluciones globales.

Por último, y por lo que respecta a las relaciones internacionales la lucha contra el terrorismo internacional continuará siendo otro de los ejes prioritarios de la gestión internacional. No sólo no se verá reducido sino que la inestabilidad generada por grupos terroristas puede encontrar nuevos destinos y nuevos objetivos si continúan proliferando redes internacionales de tráfico de armas a las que también tienen acceso las mafias del narcotráfico y la delincuencia internacional.

Por el contrario, la lucha global  contra la pobreza y las enfermedades endémicas, la refundación y reforma de las Naciones Unidas, la búsqueda de una definición más flexible e inclusiva de la OTAN -que convierta a esta organización militar en un factor de unión y no de división y enfrentamiento con Rusia-, la estabilización de Afganistán,  Irak y Pakistán, así como el acercamiento y la negociación con Irán o la búsqueda de una solución, al menos parcial, al conflicto del Oriente Medio o el larvado de los Balcanes y el Cáucaso, seguirán en la agenda como cuestiones por resolver sin que, por el momento, se vislumbre el menor atisbo de luz al final del túnel ni se entrevea, a corto plazo, una solución razonable.

Los diferentes intereses geoestratégicos y económicos de las actuales potencias y de las emergentes, los cambios en los equilibrios regionales  y los posibles conflictos entre las potencias hegemónicas –Taiwán (China-Estados Unidos/Japón); Cáucaso-Ucrania-Balcanes (UE/Estados Unidos-Rusia); Pakistán y Myanmar (India-China); Oriente Medio (UE/ Estados Unidos-Rusia/Irán); Irán (UE/Estados Unidos-Rusia/China); Corea del Norte (Estados Unidos/Japón-China/Rusia), etc.– pondrán a prueba la veracidad de los cambios de actitud de aquellos que, hasta ahora, han actuado como juez y parte en las relaciones internacionales.

La política exterior de Estados Unidos y de la Unión Europea no puede ser ya la misma. Ambas partes tendrán que superar el americanocentrismo y el eurocentrismo, respectivamente, así como las enormes dificultades para defender su posición en un mundo que ha dejado de ser occidental. El poder internacional se ha fragmentado, y las dinámicas económica y política han configurado nuevas potencias. Europa está en fase de declive mientras que China se fortalece, Rusia crece y lava su imagen, al tiempo que Brasil y la India emergen y piden paso; por su parte, Turquía, Irán e Indonesia reclaman mayor protagonismo dentro y fuera de las instituciones.

Estas son las razones por las que los viejos aliados transatlánticos, han de sacar el máximo provecho de todo el arsenal de instrumentos del poder blando sin abandonar su status y responsabilidad como potencias. A la relativa debilidad de Europa, se une ahora la de los Estados Unidos. Por ello, se hace más necesario que nunca la cooperación y coordinación de acciones que permitan potenciar sinergias mutuas y que eviten un hundimiento compartido.

Es éste el ámbito ideal en el que la vieja Europa tiene que actuar, fortaleciendo su proceso de integración e introduciendo en la agenda de las relaciones internacionales las prioridades políticas en las que los europeos hemos cimentado nuestros valores: lucha contra la pobreza y la desigualdad, solidaridad y soluciones pacífico y pactadas de las controversias. Toda crisis es dolorosa porque conlleva un coste social y económico elevado pero, al mismo tiempo, presenta siempre posibilidades y oportunidades que debemos aprovechar si queremos salir reforzados de ella, no las desperdiciemos.

Carlos Mª Ortiz Brú 

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1 comentario

Archivado bajo Opinión

Una respuesta a “Desafíos de la nueva política internacional

  1. Angel

    Muy interesante Carlos. Creo que este melón – el tipo de nuevas relaciones (interrelaciones) internacionales) hay que abrirlo y fomentar las discusiones. Los nuevos horizontes después del golpe de la(s) crisis ofrecen nuevas lecturas y nuevos enfoques- no valen mucho las viejas recetas. Me pregunto con que instrumentos estudiamos las nuevas perspectivas, donde están los observatorios (think tanks) que nos den pistas ? No convendría crear alguno…?

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