Con pena y con gloria, la crisis de Bélgica


 

belgiquefoot1¿En qué momento se jodió el Perú? La pregunta que Zabalita, el personaje de Conversación en La Catedral (1969), la esplendida novela de Mario Vargas Llosa que narra la historia política del Perú del siglo XX, bien podría aplicarse a una serie de Estados-nación inacabados. Dicho esto, el caso de Bélgica no es el de un Estado-nación inacabado sino el de un Estado desmantelado. Y todo ello por obra de una clase política flamenca que substituyó el catolicismo (que le diferenciaba del calvinismo holandés) por el nacionalismo que le escindía de la Bélgica unitaria y por omisión de una clase dirigente francófona tan obcecada con su superioridad cultural como ciega ante las consecuencias del desapego político-institucional de sus conciudadanos del Norte.

La diferencia entre francófonos y flamencos viene de lejos y bastaría la lectura de la magistral novela de Hugo Claus, La pena de Bélgica (Het verdriet van België, 1983), para descubrir el nacionalismo flamenco; tan católico como reaccionario, tan hostil a la causa republicana española como colaboracionista con los nazis en su momento, y hoy mucho más democrático y asumido claramente por al menos cuatro de las siete fuerzas parlamentarias flamencas.

Pero con ser complicadas las diferencias político-lingüísticas entre las dos comunidades, sabemos que en Bélgica hay una tercera entidad entrañable, desordenada, compleja, multiétnica, multicultural, libre aunque colonizada por flamencos y valones, y con una considerable población flotante: Bruselas.

parvisstgillesLa Bélgica en la que transcurrió mi adolescencia hace ahora más de treinta años era otro mundo, donde lo primero que llamaba la atención era la presencia omnímoda de la clase obrera por más que empezara su crepúsculo. Con unos sindicatos potentes, cuya sombra aún se mantiene. Una clase obrera que tenía en aquel entonces una componente de inmigración llamativa. Me acuerdo de nuestro “barrio español” de Saint Gilles en los años 60-70, donde convivíamos un gran número de humildes familias asturianas con belgas, andaluces, griegos, yugoslavos, judíos askenazíes y hasta sefardíes repatriados del Congo.

En aquella época, los españoles éramos considerados por la demócrata sociedad belga víctimas de Franco y de la historia y por ello dignos de especial consideración. Bélgica ha sido de siempre tierra de asilo para el exilio de media Europa e incluso de más allá. Un paseo por Bruselas nos descubrirá las estancias de Víctor Hugo, de Marx y Engels, de Verlaine y Rimbaud o del general rioplatense San Martín. Todo eso para dejar claro que los valores de la convivencia, pluralidad y democracia no sólo no están reñidos con la tradición belga sino que forman parte esencial de esta.

No obstante, transcurridas casi dos generaciones, como se suele decir la cabra siempre tira para el monte, y el monte político belga en los meses previos a la explosión de la crisis financiera es el de la confrontación étnico-cultural.

Esta se cristaliza a raíz de las últimas elecciones federales del 10 de junio de 2007 y tras ellas Bélgica atraviesa una crisis de convivencia casi existencial. Ese día la coalición electoral compuesta por el partido democristiano flamenco (CD&V, 25 escaños), que dominó la política belga durante décadas, y de los independentistas flamencos (NVA, 5), herederos de los nacionalistas, gana rotundamente las elecciones en Flandes (+9 escaños en relación con el escrutinio del 2003). Su hombre fuerte y presidente regional flamenco, Yves Leterme, obtiene un record histórico de votos preferenciales: 800.000. La victoria democristiana-nacionalista flamenca (30) y la caída liberal (OpenVLD: 18, -7) y sobre todo socialista  (SPA 14, -9) en Flandes no se refleja simétricamente en el Sur, ya que por vez primera el partido liberal (MR: 23, -1) supera al hegemónico PS (20, -5) en su tradicional feudo de Valonia y el post-democristiano CDH crece levemente (10, +2).

Estos resultados generan diversos problemas. Primero, al ser minoritaria en el parlamento, frustran la tan esperada como tradicional coalición roja-romana, a saber democristiana y socialista (74/150). Después, y aun haciendo abstracción de la coalición CD&V-NVA, que se reparte en dos grupos parlamentarios, la familia liberal en su conjunto (OpenVLD+MR: 41) al superar a la democristiana (CD&V-NVA + CDH: 40) constituye la corriente ideológica más importante del parlamento y en Bélgica la tradición es que el primer ministro sale de la corriente mayoritaria. Además, el programa marcadamente nacionalista de Leterme, y sobre todo de sus aliados del NVA, exige de inmediato una substancial reforma constitucional, bajo el eslogan del Estado federal hacia un Estado confederal, pero esa ambición requiere una mayoría parlamentaria de dos tercios, a saber 100 escaños, mayoría inalcanzable para una coalición naranja-azul o sea democristiana-liberal (81/150). En suma, toda una serie de imposibles político-aritméticos.

A raíz de este abigarrado resultado electoral, tan asimétrico en el eje Norte-Sur como complejo, derechizado y desintegrado en Flandes, al contar esta región con nada menos que siete formaciones políticas leterme200parlamentarias, entre las que destaca la extrema derecha nacionalista (VB: 17), Leterme comete errores de bulto. De inmediato no quiere comprender que sus, tan cacareados, 800.000 votos no sirven de gran cosa si sus propuestas no cuentan con interlocutores francófonos dispuestos a asumir acuerdos aceptables para su opinión pública. Él y su partido parecen incapaces de sacar las conclusiones pertinentes de las considerables asimetrías existentes entre las dos opiniones públicas belgas (aguda derechización y explicitación del egoísmo nacionalista en el Norte frente a un debilitamiento socialista, producto de los escándalos en Charleroi y en otras partes, pero fuerte apego al Estado y sus instrumentos de bienestar en el Sur).

Cabe además observar que, ante el tono de la campaña y la contundencia de la derrota en Flandes de todos los partidos conciliadores (liberales, socialistas y ecologistas), la opinión francófona percibe que detrás de enésima reivindicación flamenca se perfilan las premisas de la secesión. Esto galvaniza la reticencia francófona a toda negociación Norte-Sur sobre la base de lo que han venido siendo las penosas transacciones habituales: Flandes obtiene importantes concesiones políticas en términos de poder real sobre sus destinos y los del Estado, Valonia recibe transferencias financieras que le permiten ir tirando con un Estado de bienestar tan generoso como ineficiente y Bruselas paga las dos facturas, la política y la presupuestaria.

De hecho, la tercera región del país carece del poder, del territorio y sobre todo de los recursos necesarios a su cohesión social y territorial. Desde el punto de vista socio-económico, esta ciudad-capital, aglomeración y región diminuta, padece la insólita situación de ser una de las regiones europeas con el producto más alto, pero en la que sus residentes disponen de una renta particularme baja entre las zonas prosperas de la UE. Esto se explica por la población activa no residente en la región y por la considerable desigualdad social y laboral (paro del 18 %, 35% entre los jóvenes infra-escolarizados de origen inmigrante).

 

 

Ante ese panorama, el equipo de Leterme en el CD&V no consigue alejarse inmediatamente de las pretensiones nacionalistas radicales alentadas por sus incómodos aliados del NVA. De hecho, las circunstancias políticas del segundo semestre 2007 (incapacidad de fraguar una coalición democristiana-liberal ampliada) y de las venideras elecciones regionales de junio 2009 no dan margen para audacia política alguna.

El 23 de agosto de 2007, dos meses después de vencer en las elecciones legislativas, Leterme presenta su dimisión al Rey tras fracasar en la formación de un gobierno de coalición, por la falta de consenso en lo que concierne a la reforma del Estado. Tras diversas peripecias, el mismo Leterme retoma su papel formador el 29 de septiembre pero sus intentos de compromiso se esfuman el 7 de noviembre.

Ese día, alentada por las maniobras pirotécnicas de los diputados flamencos más radicales, la mayoría flamenca se impone al votar en comisión parlamentaria la escisión unilateral de la hasta ahora bilingüe circunscripción electoral y judicial de Bruselas-Hall-Vilvorde; disposición que de aprobarse privaría a los francófonos afincados en la periferia de Bruselas del derecho a votar a partidos sureños y de poder escoger la lengua en los juicios. Cabe recordar que una sentencia del Tribunal Constitucional belga de mayo del 2003 obliga a la redefinición de la citada circunscripción ya que no es congruente con la actual Bélgica federal. Sin embargo, el rediseño que esta sentencia impone no se ha efectuado por la incapacidad de las clases políticas del Norte y del Sur a ponerse de acuerdo.

No obstante, a pesar de los pesares y de algunas apariencias, Bélgica es una democracia por momentos ejemplar y ese intento de imposición legislativa de la mayoría flamenca contra la minoría francófona en la Cámara se enfrenta al sabio procedimiento de la sonnette d’alarme (garantía constitucional (artículo 54) que permite a un parlamento regional o comunitario paralizar durante 120 días toda iniciativa que atente contra los derechos de la minoría).

Tras el conato de imposición, el recurso a la sonnette d’alarme, finalmente en diciembre de 2007 se llega a un acuerdo de mínimos que incluye la formación de un gobierno asimétrico penta-partito (CD&V, CdH, VLD, MR, PS: total 101 escaños) con capacidad aritmética de reformar la constitución, un periodo de gobierno transitorio conducido por el saliente Verhofstadt y la llegada, efectiva el 20 de marzo de 2008, de Leterme al puesto de primer ministro.

fortisEn cuanto a la valoración de la composición de este gobierno, cabe señalar que es un episodio especialmente triste para los socialistas ya que por vez primera en Bélgica una familia política tradicional se escinde en la formación de un gobierno federal. Así, tanto la rama flamenca (SP) como la rama francófona (PS) del histórico socialismo belga, se dan la espalda y eso se produce en una familia política que hasta 1978 había sido la más unitarista: la socialista, con consecuencias que podrían ser transcendentales para la credibilidad política de unos y de otros. Esto es aún más cierto ahora que la crisis financiera está arrasando la economía y que la asimetría política de las dos vertientes del socialismo respecto al actual gobierno debilita ambos discursos.

Semanas más tarde, en verano 2008 los preacuerdos de mínimos entre flamencos y francófonos del equipo Leterme no dan satisfacción a la NVA y finalmente en septiembre el partido nacionalista rompe con el CD&V privando así al Gobierno federal de los 5 diputados NVA teóricamente indispensables para la mayoría de dos tercios.

 

 

País de ahorradores natos, con un sistema bancario de talla descomunal (sólo los activos de Fortis representan 254 % del PIB), Bélgica se percata el domingo 28 de septiembre 2008 de la existencia de una temible crisis financiera que amenaza con llevarse por delante a los dos primeros bancos de la plaza que habían sido privatizados en los años 90, Fortis y Dexia. Sin contar las garantías del Banco central, el coste del salvamento de la quiebra de las instituciones financieras suma a finales del 2008 más de 20 mil millones de euros (¡6% del PIB!). Al ser el primer país de la eurozona en tener que enfrentarse al temible toro del riesgo de colapso financiero procedente de las azarosas inversiones del sobre-ahorro nacional en Wall Street, el Gobierno cometió numerosos errores de diagnóstico y titubeos en la intervención. Empezando por evitar, por razones ideológico-cosméticas, la nacionalización clara, encubierta y/o temporal (a la británica).

Por todo ello, ante los ojos del medio millón de accionistas belgas de Fortis  (¡5% de la población!) el equipo Leterme no sólo cometió errores pero también agravios al escindir la parte sana, o más bien saneada, del conglomerado (Fortis Banque-Assurances), para malvenderla a BNP-Parisbas, dejándole a los accionistas la parte más afectada por la crisis (Fortis Holding) e invendible. Eso, aunque sólo sea aparente, en una sociedad envejecida y tan apegada al dinero como ésta, constituye un gran sacrificio político.

El resultado no se hizo esperar en forma de pleito ante los tribunales. Los accionistas minoritarios de Fortis se oponen a la compra y logran una sentencia para impedirla, considerando que debían ser previamente consultados y que el acuerdo es injusto y el procedimiento contrario al derecho de sociedades. El Gobierno argumenta que tuvo que actuar rápida y decisivamente para restablecer la confianza en el sistema bancario. No sólo el tribunal dictamina a favor de los accionistas, sino que su presidente indica que instancias gubernamentales intentaron influir en la decisión judicial.

Fue así como el 19 de diciembre 2008 Leterme presenta la dimisión del Gobierno después de conocerse pruebas irrefutables de que el ministro de Justicia y el gabinete del primer ministro intentaron condicionar el curso de procedimientos judiciales que rodean la compra de participaciones de Fortis por BNP-Paribas negociada por el Gobierno.

Con este episodio, Bélgica da una gran lección de democracia y de respeto a la separación de poderes. ¿Cuántos otros países europeos, empezando por el nuestro, han sacado  tan drásticas conclusiones en situaciones parecidas?

Posteriormente, en un plazo bien corto para los hábitos políticos belgas, tras descartar diversos nombres (Verhofstadt, Dehaene, Reynders) y una coalición simétrica de 6 partidos (con la incorporación del SP), el presidente de Cámara baja, Herman Van Rompuy, diputado del CD&V, acepta asumir el cargo de primer ministro a pesar de sus considerables reticencias. Todo parece indicar que esas reticencias de Van Rompuy no son fingidas –“Me considero cualquier cosa menos imprescindible”– declara a modo de carta de presentación”, lo que podría ilustrar una vez más el surrealismo belga o indicar un futuro incierto para la Bélgica democrática que hemos conocido hasta la fecha y que fue tirando como entidad estatal primero unitaria, después regionalizada y ahora federaliza. Esperemos a ver qué consecuencias sacan los electores en las europeas y sobre todo en las regionales de junio de 2009.

 

César García Álvarez

 

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1 comentario

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Una respuesta a “Con pena y con gloria, la crisis de Bélgica

  1. Diego

    Por fín un buen resumen de la situación belga

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