Las elecciones americanas y la agenda internacional: cuestiones abiertas


Las elecciones a Presidente de los Estados Unidos tienen importantes repercusiones para Europa y para España. Tienen que ver con el cómo seremos y con el cómo nos irá y, por tanto, debemos prestar atención a las propuestas que se debaten. Evidentemente, no podremos votar; sin embargo, podemos hacer pública nuestra opinión, dar a conocer a los votantes americanos cuáles son nuestras inquietudes y hacerles conscientes de la trascendencia que su voto tiene para nuestro bienestar.

 

Hay muchas razones por las cuáles éstas son unas elecciones un tanto especiales. En mi opinión, la situación en que deja la Administración Bush la política internacional y la coyuntura económica lo explicarían. Los candidatos ofrecen también aspectos singulares. El candidato demócrata, Obama, negro y particularmente joven, una persona nacida en época en la que las leyes de algunos estados todavía imponían la segregación racial, ha construido su imagen en torno a la idea del cambio y la recuperación del protagonismo del americano de clase media. Estados Unidos es un país complejo y no puede decirse que sea desdeñable el factor étnico en las decisiones de los electores. En el lado republicano, McCain destaca como un político más veterano que experto. Recordaría las palabras de Keynes: la dificultad no reside en las ideas nuevas, sino en rehuir las viejas que entran rondando hasta el último pliegue del entendimiento de quienes se han educado en ellas. No es mera retórica; como muestra, veremos algunas de sus propuestas, sobre todo en materia económica, donde predominan recetas ya cocinadas con resultados negativos.

 

Detengámonos sobre la situación de la política y el Derecho internacional. La persecución del terrorismo, nuestra experiencia en España nos lo aconseja imperativamente, debiera hacerse bajo el amparo de la ley. Pero no de cualquier ley, sino de aquella democrática que legitima el ejercicio del poder ante los ciudadanos. La propia prensa norteamericana considera la existencia clara de violaciones a los derechos humanos pretendidamente justificados por “la guerra contra el terror”. No es una cuestión meramente interna; tiene que ver con valores universalmente declarados en normas internacionales que rigen en Estados Unidos. También debe preocuparnos el retroceso de las garantías democráticas que pueda contagiarse en el mundo occidental ante la llamada a una necesaria concertación de las políticas de seguridad. No parece que debamos obviar el silencio de Mc Cain ante esta cuestión, así como destacar la intención declarada de Obama de corregir estas deficiencias del funcionamiento del sistema democrático.

 

La guerra de Irak supuso el olvido simultáneo de diversas reglas de juego propias del Derecho internacional: la no declaración unilateral de guerra sin previa agresión y la no injerencia en asuntos internos. Debemos recordar que la costumbre, esto es, la manera común de proceder, cuando permanece y se comparte, se convierten en ley de Derecho internacional. ¿Queremos que el mundo gire por tales derroteros? La verdad es que han hecho falta milenios de historia para llegar a conclusiones sobre la necesidad de dotarse de unas mínimas reglas de convivencia internacional. Han sido muchos los sacrificios de la humanidad como para dar marcha atrás. Es un activo de Obama haberse opuesto desde muy pronto a la invasión. Sin embargo, no es suficiente. Es necesaria una labor pedagógica larga y compleja para hacer comprender al ciudadano norteamericano que no puede ir por ese camino, tarea muy difícil. Hace poco un columnista de la prensa española se hacía eco de las criticas de líderes de opinión americanos a Rodríguez Zapatero quién, según decían, no había comprendido la grandeza de los valores que justificarían la intervención, una actuación por el pueblo y para el pueblo. Me pregunto, ¿consultaron al pueblo iraquí? Obvio por conocida la posición de Mc Cain, preocupado por salir victoriosos de la batalla.

 

Las relaciones bilaterales con España padecen como consecuencia de la diferente posición de nuestro actual Presidente, cristalizada en la retirada de las tropas españolas del territorio iraquí. Nuestro entendimiento mutuo debe recuperarse y los canales de diálogo deben volver a ser tan fluidos como sea posible. Preguntado por el asunto, McCain insiste en que, como el Presidente Bush, no recibirá a Rodríguez Zapatero, posición que Obama criticó en el primero de los debates de la campaña electoral.

 

En fin, habría muchos otros aspectos relativos a las relaciones internacionales que debieran tratarse. Haría dos breves referencias antes de dejar esta materia. De una parte, tranquiliza escuchar a Obama apostar por la inversión en nuevas tecnologías orientadas al ahorro de energía y al fomento de las energías renovables. Tales políticas energéticas y medioambientales pueden ser un paso, sino para que los Estados Unidos se incorporen al consenso internacional en este ámbito, sí para que contaminen menos. Por otro lado, resulta interesante encontrar en el programa del candidato demócrata reflexiones sobre el incremento de la ayuda al desarrollo y su utilidad para contribuir al desarrollo de África.

 

Durante el verano de 2007 saltaron las primeras alarmas sobre la crisis financiera internacional, una crisis que es de confianza en el propio funcionamiento del mercado. Los bancos no se fían unos de otros. Nadie sabe qué cartas juegan los demás. Ante esta situación, los políticos más conservadores y que más habían confiando en las reglas del liberalismo se han visto obligados a renunciar a sus principios ideológicos; no de forma moderada sino mediante intervenciones masivas. Bush, su Secretario de Estado del Tesoro y la Reserva Federal han salido en tromba con la chequera bien repleta para intentar generar tranquilidad. Por toda Europa se han adoptado medidas semejantes que, como en el caso del Reino Unido, se han traducido en una nacionalización parcial de la banca. Parece que emerge un consenso que puede traducirse, como podrá verse en la reunión del que se ha denominado G-20 (las ocho economías más influyentes, los países emergentes y, posiblemente, nuestro país) en la adopción de medidas regulatorias, esto es, normas de control de las actividades financieras. Según Paul Krugman, Premio Nobel de Economía de 2008, siendo posiblemente necesaria esta intervención, no será suficiente para que la economía real se reactive. Será necesaria determinada política fiscal anti-cíclica y hacer aquello que los agentes económicos no van a poder hacer por si mismos.

 

Ante esta coyuntura sorprende que McCain mantenga su fe en la capacidad del mercado para reorientar la situación por sí sólo y mantener sin regulación el funcionamiento del sistema financiero. Esto explica que fuera de los primeros en poner peros a las iniciativas de intervención de su propio Presidente. Suena a tozudez. Los asesores de Obama parecen recomendarle la necesidad de invertir en educación, infraestructuras e investigación y desarrollo. Insisten en la necesidad mejorar la distribución de la renta, aumentado el impuesto sobre la renta de las personas que ganan más de 200.000 $ anuales, subir el salario mínimo y referenciar su determinación a la inflación. Son medidas dirigidas a recuperar un elemento clave para el desarrollo próspero y estable de su país, una clase media capaz de protagonizar la vida política, económica y social.

 

Cualquiera que fuera el resultado electoral, ninguna de estas cuestiones quedará resuelta. Nuestro compromiso está en apoyar la toma de decisiones oportuna que contribuya a reconducir al mundo hacia unos ideales de convivencia armoniosa.

Juan López Rodríguez

 

 

 

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